Se puede olvidar una boca fácilmente, pero no siempre el sabor de su lengua. Y sin embargo cómo describirlo, con qué palabras, cómo ceñirse a los puntos cardinales del gusto si su lengua no fue amarga, ni era salada, ni tan dulce y ni siquiera ácida. Si su sabor no provenía de la lengua misma, ni se daba en mi boca o partía de la suya, sino que era más bien un gusto que nos entraba por las manos, al recorrernos la piel, tan desnudos al momento. Era un sabor que penetraba en la boca al adentrarme en su cuerpo.
Pero es que ahora, ya tan fuera y tan lejos, me viene ese exacto gusto y lo saboreo, como un placer de memoria, sin ningún otro recuerdo. Tan preciso. Me llega el sabor a la boca de una boca que ni recuerdo. El sabor de tu lengua mientras estuve dentro.
Y como si ahora.